Por Mitchel López Granados
La 36ª Bienal de São Paulo, Brasil fue inaugurada este 6 de septiembre del 2025 en las instalaciones del parque Ibirapuera. Con el título No todo viajero recorre caminos. De la humanidad como práctica, el curador general Bonaventure Soh Bejeng Ndikung nos muestra cómo el identitarismo cultural persiste y muta a pesar de la movilidad social y todos los cambios que acontecen a partir de la globalización. Sin embargo, al final del pabellón Ciccillo Matarazzo —donde se exhibe esta exposición—, la obra Haunted del mexicano Andrew Roberts se contrapone a este discurso, despojándose de la identidad cultural, demostrando que una fantasía sensacionalista destruye fácilmente este discurso idealizado cuando se intercambia por un progreso económico.
Roberts presenta un discurso antagónico, donde la idea de una persistencia identitaria se intercambia voluntariamente por una corporativa. Así, aplasta cualquier interseccionalidad que la enriquece, sólo para ser parte de la precaria nómina y de un ya decadente sueño americano, y frustra cualquier intento de adaptabilidad de este identitarismo.
Al observar la proyección de Haunted —una animación digital—, veo cómo no importa de dónde vengas, siempre eres bienvenido a ser explotado. Aquí no se expresa ninguna distinción de origen, todos los personajes se dedican a trabajar y consumir en una franquicia de hamburguesas; su identidad se mantiene difusa pues sus características físicas son todas iguales: cuerpos antropomorfos con cabezas de cono de helado. Esto no sucede en otras obras de la Bienal. Por ejemplo, en Vibrations from the Deep de Adama Delphine Fawundu se expresa la identidad de los pueblos de Luba, en el Congo, utilizando textiles originarios de Nigeria, Brasil y Sierra Leona y recalcando la migración de estas comunidades junto con sus tradiciones.
Por otro lado, en Haunted se percibe el terror de la cotidianidad: el camino hacia el trabajo, la cocina y la limpieza, involucrándote en una gran desilusión, al escuchar melodías lentas y siniestras, como si estuviera entrando en una casa del terror. Este lugar es el “día a día” de estos seres y Roberts lo representa de una manera incómoda con esta repetición de escenas. La única voz que se escucha es la del patrón cuando exige a sus cocineros “the best hamburger!”. Aquí confirmo que la escena se desarrolla en Estados Unidos, haciendo referencia a este sueño migratorio.
Todo esto me hace pensar en cómo la esclavitud contemporánea pareciera voluntaria, así como la movilización de masas. Los habitantes de países tercermundistas huyen de su nicho para buscar mejores oportunidades en países desarrollados, donde empresas multinacionales pueden darles acogida. En otros casos, estas empresas migran a países tercermundistas en busca de fuerza de trabajo barata. Esta fuerza de trabajo construye una identidad nueva a partir de la identidad de quienes los explotan, para no verse a sí mismos como los oprimidos.
Voy a citar un dato que me parece de suma importancia para entender el contexto. Según el Pew Research Center, Estados Unidos es el país con mayor número de inmigrantes del mundo, llegando a un 15.4 % de su población total. Más de 50 millones de habitantes en enero del 2025, designando a este país como el expendio más grande de identidades del mundo. Es por esto que Haunted encaja en este contexto en el que la búsqueda identitaria se expresa por medio del consumo. Esa es la razón del anonimato de los personajes, pues ahora le pertenecen a la corporación.
En el identitarismo de afiliación al consumo que ofrece esta dinámica social, los migrantes no sólo huyen para tener bienes materiales que no pueden conseguir en su país de origen —causando frustración— sino que también es con respecto a la búsqueda de un estilo de vida “superior”. Sayak Valencia lo describe así en Capitalismo gore (2016): “todo se unifica a través del consumo y éste se interpreta como la reafirmación de la identidad, como la consagración a través de la compra y la reafirmación de un status, ya no social, sino individual.”
Quiero destacar este punto importante, porque cuando la búsqueda por una identidad individual es lo primordial, provoca que ya no exista cohesión entre grupos y también una falta de sentido de pertenencia. En Haunted sólo hay un factor que une a todos los personajes y es la alienación corporativa: ser propiedad del dueño de la franquicia.
En otras obras de la Bienal se habla de identidades que se pasan de generación en generación, a pesar de los desplazamientos que han atravesado estos grupos. Es el caso de la obra Siren Song, de Suchitra Mattai, por ejemplo. Ubicada en el primer nivel del pabellón Ciccillo Matarazzo, la pieza hace alusión al pasado asiático y a la movilización marítima de poblaciones de India y Guyana hacia el Caribe. Nos muestra cómo las tradiciones de estas poblaciones cruzan fronteras para seguir existiendo dentro de nuevos contextos, y así seguir procurando la cohesión de grupos y creando un sentido de pertenencia en tierras desconocidas.
Cuando en la obra de Roberts veo que habla de una desposesión de la identidad, que se sustituye por un bien consumible ya sea material o un modo de vida deseable, desaparece la insistencia por mantener las raíces de donde provienen los personajes. Por el contrario, se ve cómo una fuerza licúa las identidades para formar un ente individual, propiciando la alienación. Esto lo veo representado en la segunda parte de la proyección de Haunted, donde los personajes se muestran absorbidos por una fuerza sobrenatural que no sólo se alimenta de su fuerza de trabajo sino también de su cuerpo, convirtiéndolo en una masa homogénea.
En esta segunda parte de la animación la música y los sonidos empiezan a tornarse más llamativos, estridentes, y la presentación va tomando un carácter sensacionalista —me siento en algún concierto de música techno, menos mal que no hay bebidas y alimento para consumir en la sala de proyección—. Pienso en la teoría de la espectacularización del consumo de Valencia, en dónde todo tiene que ser llamativo para producir emoción en el receptor. Esta idea dota de coherencia el dialogo de Haunted, incluyéndome en esta dinámica de consumo en mi papel de espectador.
Al referirme a la música no puedo dejar pasar la obra de Ge Viana, A colheita de Dan, que se encuentra al inicio de la Bienal. Un muro enorme de bocinas con pantallas análogas es utilizado para demostrar que la música es un elemento de persistencia de la comunidades negras e indígenas en Brasil. Esta es quizás uno de los mayores contrastes con la obra de Roberts, porque la música funciona como elemento identitario comunitario. A diferencia de Haunted, que por medio de la música electrónica sólo busca la exaltación del oyente y la alienación de los personajes, en la obra de Ge Viana se representan altares con imágenes religiosas con un sincretismo africano, recordando a este pasado migratorio. En la pieza de Roberts no importa el pasado, ni tu proveniencia, siempre y cuando estés dispuesto a “ponerte la camiseta” de la empresa. La obra contiene una estética de entretenimiento hasta el final, como si estuviéramos en cualquier meca del capitalismo posmoderno —Nueva York o Las Vegas—. El hecho de que esta obra se exhibe también en el SCAD Museum of Art, en Georgia, Estados Unidos, donde la animación es la misma pero el montaje cambia ligeramente en el diseño y color de las bancas, resalta la obviedad de que las ideologías entre países occidentales —Brasil y Estados Unidos— son muy parecidas y es por eso que esta obra se puede replicar en cualquier parte de este hemisferio sin perder su propósito de evidenciar la explotación laboral y el intercambio identitario.
Al final, Haunted se contrapone al discurso de persistencia que carga la Bienal. No pienso que es de esa manera en la que se pensó la curaduría al ponerlo al final de la exposición, sino que la obra misma es una imagen generacional que da respuesta a una situación histórica determinada. La pieza va contra toda adaptabilidad de la identidad, y demuestra que ésta puede desmoronarse frente a una idea sensacionalista de consumo. Hay que pensar que, si bien las tradiciones que marcan la identidad de cualquier pueblo pueden sobrevivir a estas amenazas globales en cuanto a movilidad y colonialismo, están estructuradas en una consistencia bastante frágil, cuando se contraponen con una fantasía de progreso económico insostenible como el americano.
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Texto publicado el 28 de noviembre de 2025.