Por Daniel Aguilar Ruvalcaba
Las balas no traspasaban
Solo al carro sacudían
Martin Ruvalcaba y Chuy
En carro blindao venían
—Los Huracanes del Norte
Estimada Baby Solís:
Espero que te encuentres bien.
Antes que nada, muchas gracias por tu tiempo y tus palabras. La publicidad me ayudó un chingo. La neta ya poca gente se acordaba de mí y de mi trabajo, me diste una desempolvada. A los encuentros del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM no llega tanta gente, normalmente ponentes y estudiantes acarreados. Las respuestas y el seguimiento en redes que le has dado a mi texto han hecho que tu cuestionamiento a mis estrategias funcione como profecía autocumplida, y está dando frutos. Te cuento que me acaban de invitar a hacer una exposición en Guadalajara, y todo por nuestro argüende.
Estaba dudando mucho de si responderte o no. Pero como tú insistes en que debemos ser pragmáticos e ir tras la chuleta, venga de donde venga, finalmente accedí a escribir este texto. La verdad es que los 2,000 pesos que me ofreció el amarranavajas del Édgar Hernández, editor en jefe de esta revista, sí me hacen un parote.
Te confieso que mi primera reacción al leer tu texto fue sorpresa. Y no tanto por lo que formulas. Me sorprendió que la reacción viniera de ti. Me gusta ser calculador y tú no figurabas en mi ecuación. No te esperaba, Baby. Anticipaba algunas respuestas del equipo de la XV Bienal o de la Colección FEMSA. Nunca pensé que eso que leí ante un público progre buenaondita te fuera a mover tanto el tapete. Y bueno, aquí me tienes, con la insondable curiosidad: ¿Por qué decidiste escribir algo sobre mí y mi trabajo? ¿por qué no escribiste sobre lo que presentaron Magalí Lara o Mónica Mayer y Adán Lerma?
Me quedo con la duda de si siempre que reseñas una exposición colectiva sueles mencionar únicamente el trabajo de un artista, como si fuera una exposición individual. Pienso que, por generosidad, se tendría que hacer un repaso rápido del acontecimiento para dar contexto al lector. En tal lugar, hubo tal tema, tales artistas participaron con tales obras, que son así y asá, y entre las obras que llamaron mi atención fueron tal y tal, especialmente me intrigó tal… Es que en tu respuesta a mi carta parece que yo di esa conferencia solito. Sin embargo, había más personas en el panel, y con un peso histórico difícil de ignorar. ¿Por qué darme el foro únicamente a mí? No soy yo quién para afirmarlo, pero… ¿acaso estás reproduciendo una lógica patriarcal de borramiento?...
Naaah, naah, no, no te creas… ¿Qué dijisteeee? ¿pensaste que me hice Morenista, y que te voy a acusar de ejercer violencia política de género, como lo han hecho Morenistas para silenciar a periodistas disidentes de la 4T? Denunciar violencia política de género ante cualquier crítica como blindaje, ¿cómo la ves? No, no, no. Mi consumo excesivo de glutamato monosódico no ha matado, aún, toda mi flora intestinal.
Magalí, Mónica y Adán participaron en el mismo panel “Artistas como agentes de la crítica”, el 20 de noviembre del 2025 en el MUAC. Sus presentaciones, en todo caso, fueron mucho más relevantes para el tema del simposio que la mía. Atendieron puntualmente a la convocatoria hecha por las organizadoras del evento. Yo en cambio hacía años que no escribía. Estaba ya oxidado de mis dedos. Y lo poco que había escrito, algunas reseñas mediocres y uno que otro ensayo fallido, no se comparan para nada con los textos de Mayer y Lara. Son artistas con una carrera mucho más comprometida con la escritura de crítica de arte.
Mónica Mayer y Adán Lerma presentaron un proyecto que están desarrollando para catalogar y poder acceder al archivo de Mayer como artista que escribe. De 1988 a 2008, la maestra escribió ¡999 textos! y esos son únicamente los que publicó en El Universal. En ese entonces no existía la IA. Y con mucho estilo, finura conceptual y humor, nos narró su andar. Lerma es su hijo, y él está proponiendo procesar y analizar ese material para entender el contexto artístico en México a finales del siglo XX, mapear la producción de arte no-objetual y comprender la escritura de Mónica. Adán lo mira y trabaja desde las humanidades digitales. En el mapeo generado del análisis de más de 600,000 palabras se alcanza a leer algo gracioso con las que más usa en sus textos: “NO”, “ME”, “ARTE”. Curiosamente, el adverbio “no” aparece cinco mil veces porque Mónica lo usaba bastante para criticar a las instituciones del momento. Sí, Baby, así es, para criticar a las instituciones. Era y es rebelde. Y prácticamente habla del mismo porcentaje de mujeres artistas que de hombres. En esa época exponían una mujer por cada diez hombres, imagínate el esfuerzo para alcanzar esa paridad. Para Mónica es muy importante la triada producción-circulación-consumo del maestro Juan Acha. Y en eso resueno con ella porque hace ya algunos años leímos los textos de Juan Acha, ahí en Biquini Wax EPS, como parte del grupo de estudio de los Yacuzis. Mónica ha hecho una obra que funciona dentro del arte, del activismo y de la pedagogía. Muy inspirador.
Magalí Lara habló de las coyunturas sociales en las que le tocó escribir, durante las épocas del priismo cultural más rancio, cuando a la crítica de arte le costaba trabajo entender algo fuera del estilo y las técnicas de la Escuela Mexicana de Pintura o la Ruptura. Mencionó su formación en San Carlos, a su maestro Juan Acha, y cómo armaron exposiciones y agrupaciones de artistas; y habló de su toma de conciencia como mujeres artistas; de la importancia del arte correo, de Úlises Carrión y Felipe Ehrenberg en su generación; así como también la necesidad de la autogestión y de por qué ella empezó a escribir y participar en revistas como La Regla Rota. Aquí entendí, me cayó el veinte, de que como artistas escribir es indispensable. Lo que hacemos es un tipo de escritura que sucede en una capa porosa entre obra, investigación, pensamiento, poesía, panfleto, diario, etc. También recalcó la importancia de la militancia de izquierda en su vida, desde el feminismo. Así es, Baby, militancia de izquierda.
Te recomiendo mirarlas con detenimiento. Hay mucho que aprender de ellas. Me imagino que entre tus fologüers hay personas que quieren escribir sobre arte y tal vez quieren hacerlo críticamente desde la práctica artística. ¿No te parecería bueno también darles cabida a esas lecciones?, ¿un pos en Obras de Arte Comentadas para difundir sus participaciones? Aunque sea uno pequeño, indicando los jailaits.
¿Por qué, Baby? ¿por qué escribir únicamente de mi presentación? ¿por qué dedicarle tanto tiempo?... Le dije a un amigo que seguramente te lo encargaron de FEMSA. Pero luego me dijo que él creía que no. Que a esa gente no les afecta lo que yo pueda o no decir. Que no se me suba tanto, que le baje dos rayitas a mi megalomanía no diagnosticada. Muy sensatas sus palabras. Y así, ya sin seguidores a mi teoría de la conspiración, ante el vacío… pensé lo peor…
¿Y qué tal que sí, que mi amigo tiene razón? Nadie de FEMSA te mandó. Qué tal que lo hiciste tú solita. Porque así naturalmente te nació. Me quedé frío ante esa opción, me pareció escalofriante y trágica. Triste situación. De cómo el capitalismo nos orilla a hacer tareas tan aberrantes como defender voluntariamente a los ricos. Ignoraba tu militancia por la defensa del libre mercado. No en el tono incel de Javier Milei, sino más tipo Gloria Alvárez.
Claro, hay un matiz editorial importante que añadir en este entramado especulativo. Quizás no sería tan extraño augurar que acaso fuiste motivada, un tantito, por Édgar Hernández, diestro en amarrar navajas a los gallos. Es sabido su gusto por tener la exclusiva de la escena del arte agarrándose de las greñas, aquí, en su coliseo. Tanto así que así nos tiene, a ti y a mí, dando un show.
Prosigamos bajo el desconsolador entendido de que sí te surgió así natural. Sé que no es fácil iniciar, sostener y financiar changarritos. No te culpo, hay que cuidar a la clientela, patrocinadores, porque pues de ahí sale. Así que, correspondiendo a tu texto, toma lo que sigue como homenaje. En mi cabeza hice un personaje para ti, ojalá te guste. Ya la mano invisible del mercado dispuso el escenario:
Tú, Baby Solís, eres Frank Farmer quien, como Robin Hood, también fue interpretado por Kevin Costner. ¿Viste la película de El guardaespaldas? Para mí tú quieres interpretar a El guardaespaldas del arte contemporáneo en México. Fiel centinela y justiciero de la alta burguesía. Sus tareas beli, beliconas: Defender a los indefendibles. Salvaguardar los intereses de empresarios, mecenas, filántropos adinerados, ante las eventuales amenazas de muerte a sus colecciones, bienales, museos, galerías, ferias, etc. Identificar y desactivar cualquier camuflaje que tengan los infiltrados. Apedrear con dulzura y clean look a jodidos y resentidos que se quieran pasar de listos: “¡Cuidado! No es un borreguito, es un lobito vestido de borreguito”. Y estar readi cuando haya fuego enemigo, como guardaespaldas, arremangarse y lanzarse entre medio de las ráfagas para abrazar heroicamente las balas en el cuerpo antes de que lleguen al patrón.
Los estímulos: Obtener patrocinios, el sacrificio será remunerado. Pero no es el dinero la verdadera paga. La verdadera paga es el amor. Porque, al final de la película, el patrón le va a cantar I Will Always Love You. Frank Farmer se hace indispensable, y no lo dejarán de invitar, todo pagado, a las próximas ediciones de las bienales, de los cócteles, de las galas, de los brunches de los patrones y otros eventos similares…
Es un chiste, no te agüites.
Solamente es un recurso dramático que empleo para recalcar lo patético que es esto de la lucha de clases cuando es de plebes contra plebes. No es exclusivo de ti o de tus textos; no te lo tomes personal. Es síntoma de un malestar mayor. Está muy normalizado eso de pelearnos entre jodidos por las migajas que, de tanto en tanto, se les caen al piso a los de arriba. Nuestra sociedad está tan lavada del cerebro que no es suficiente con que la burguesía controle al gobierno, el mercado, las leyes, los ejércitos, la policía sino también controla nuestras mentes como sociedad civil. Deseamos protegerlos, voluntariamente, porque si ellos están bien, la gente de abajo también.
Entrada la conversación, me viene algo que te quiero preguntar:
¿Te sentiste aludida cuando mencioné en mi carta eso de la complicidad entre arte contemporáneo y sionismo?
Que no tenga redes no significa que no ande al tanto de las discusiones del momento. No sé si conoces el informe “De la economía de la ocupación a la economía del genocidio”. Fue escrito en 2025 por la relatora especial de la Naciones Unidas para los Territorios Palestinos ocupados, Francesca Albanese. Un documento importantísimo para identificar empresas y sus intereses económicos en el proyecto sionista.
En dicho texto se afirma que detrás del genocidio en Gaza y la ocupación israelí de los territorios palestinos hay una maquinaria de explotación y lucro, por ello denuncia a los intereses empresariales que patrocinan y se benefician del exterminio de Palestina. En la página 18 indica:
Netafim, líder mundial en tecnología de riego por goteo, ahora propiedad en un 80% de la empresa mexicana Orbia Advance Corporation, ha diseñado su tecnología agrícola en sintonía con los imperativos de expansión de Israel. Manteniendo una imagen global de sostenibilidad, la tecnología de Netafim ha permitido la explotación intensiva del agua y la tierra en Cisjordania, agotando aún más los recursos naturales palestinos, a la vez que se perfecciona mediante la colaboración con empresas israelíes de tecnología militar. En el valle del Jordán, los sistemas de riego con la ayuda de Netafim han facilitado la expansión de los cultivos israelíes, mientras que los agricultores palestinos, privados de agua y con un 93% de tierras de secano, se ven desplazados, incapaces de competir con la producción israelí. Además, estas técnicas de riego amenazan con agotar el río Jordán y el mar Muerto.
El Mono y los Olivos es un colectivo activista mexicano que se solidariza con la resistencia del pueblo palestino y, desde la CDMX, realizan acciones disruptivas para impulsar el boicot económico y político al Estado genocida de Israel. Por ejemplo, hacen campañas contra las empresas globales que, como lo demuestra Albanese en su informe, se enriquecen de la destrucción de Palestina.
¿Les recuerdas? Este colectivo te ha cuestionado a ti, en la página de Instagram de Obras de Arte Comentadas, por hacer videos publicitarios para el Museo Kaluz. Sí sabes por qué, ¿o no? Si no estás aún enterada del origen de sus señalamientos, es porque la colección del Museo Kaluz pertenece al empresario Antonio del Valle Ruiz, el mismísimo dueño de Orbia Advance Corporation. El Mono y los Olivos simplemente llaman a Obras de Arte Comentadas a sumarse al boicot.
No sé cuál sea tu postura al respecto. Ignoro si te has pronunciado, pero, ¿qué te hace sentir eso?, ¿no te da cosita que el dinero que te pagan por hacer esos promocionales al Museo Kaluz provenga de la ocupación israelí de Cisjordania? No, no, este no es un debate moral. Es un debate político y ético. ¿Seguirás siendo el Frank Farmer, el guardaespaldas, de la colección de arte del único empresario mexicano que directamente se beneficia de expulsar a los palestinos de sus tierras? No es un rumor de redes sociales, está comprobado, es un reporte serio y detallado, hasta se presenta en la ONU. Chécalo y piénsalo con calma. ¿Te sumas al boicot? ¿o tienes el pensamiento crítico blindado con tecnología israelí? ¿o le aceptarías al Mencho una comisión para promocionar los varios retratos que seguramente le han pintado?
Pero dejémonos de especulaciones, y mejor volvamos a Kevin Costner como Robin Hood.
Hay algo que tengo que hacer explícito. Es que, como dijo María Minera en su respuesta a tu texto, parte de mi producción artística es la escritura. Por lo tanto, empleo algunos recursos que para mí son evidentes. Pero creo que a veces, por sutiles, pasan desapercibidos. En esa mentada carta que leí en el MUAC, quien habla, quien firma la carta, no soy yo. Es una caricatura de mí mismo. Se trata de un personaje que encarna las características del superego leninista. Para Mark Fisher el superego leninista es una instancia de la psique política de las izquierdas que exige y demanda lo imposible, y que buscaría siempre la perfección revolucionaria. Al nunca estar satisfecho produce vergüenza y culpa. Por eso la carta mantenía ese tono. Era intencional hacer evidentes las fallas y contradicciones para conectar con las personas, colegas, colectividades, agentes de las artes que resisten, no desde un orden moral, sino político. La destinataria era la comunidad artística que se identifica de izquierdas. Ser de izquierdas no es idéntico a ser bueno. Como ser de derechas no es idéntico a ser malo. (Por cierto, me dice un amigo tankie que Fisher se equivocó, que debió de llamarlo superego trotskista, ahí lo dejo de tarea).
Tú y yo somos distintos porque para mí el arte es una herramienta que puede ayudar a imaginar la subversión del universo tal y como lo conocemos (colonial, patriarcal y capitalista), para desear pluriversos. No soy idealista. Soy materialista en el sentido crítico. Como tal puedo interpretar la realidad en tanto producto de las relaciones materiales y no de las ideas. Por eso intento prestar atención a lo económico y las relaciones sociales, pero no les fetichizo. Y esa es una gran diferencia que veo con lo que promocionas. Que para ti la función del arte es fetichizar, estetizar. El arte tiene que ayudar a sostener el orden burgués. Embellecer, idealizar esas relaciones materiales capitalistas, coloniales y patriarcales. O de mínimo olvidarlas, y con ello dejarlas intactas. No cuestionarlas, no tomar riesgos porque se nos cae el changarro. Y está bien, yo no te hablo a ti, le hablo a quienes piensan como yo, es a ellxs a quienes quiero hacerles ver sus contradicciones. Si te sientes aludida, ¿será que tienes, a la medida, tu propio superego leninista?
Yo creo que el arte tiene que dar la lucha de clases en la imaginación, como manifestaba el maestro Alberto Híjar. Pero hoy, las derechas se hicieron gramscianas y tiran la línea, se le llama “dar la batalla cultural”. Aunque no es otra cosa que la lucha de clases, lo cual consiste en imponer, secundar, propagandear las narrativas, los imaginarios de los proyectos de muerte de los de arriba, de la cultura burguesa. O defender, cuidar, compartir las narrativas, los imaginarios, las poesías de las alternativas para la vida desde abajo, de la otra cultura.
Desestimar el trabajo que he realizado es irresponsable, porque no lo conoces. No lo quisiste conocer. Como dijo María Minera, solamente diste un resumen de mi CV. Estás difundiendo una aproximación muy distorsionada, descafeinada, de mi trabajo para que calce a la perfección con tus argumentos reaccionarios. Que nadie se salga del huacal.
Yo hago transversiones como parte de esa lucha de clases en la imaginación. Mi aporte, aunque es mínimo, consiste en generar “emprendimientos anticapitalistas”. Desvíos de recursos, lavados poéticos de dinero, aunque sea poquito. Sí se han logrado cosas. Redistribuir esos excedentes que los ricos invierten en el arte contemporáneo en cosas chidas. Existen otras formas, otros modos, cada quien ya ve cómo le hace. No son homogéneas las expresiones del arte de las izquierdas. Así me ha tocado a mí.
Seguiré vistiendo estos mallones de Robin Hood, bien apretaditos. Haciendo lo que hace un emprendedor anticapitalista, mover morralla, redistribuirla. Ahí tengo unas mallitas extra por si algún día recapacitas y te quieres unir a la bola. Porque somos muchas personas que en el campo de las artes vivimos y pensamos así, que estamos inconformes, y que resistimos de maneras muy diversas y con todo tipo de contradicciones. Sabemos que el origen de estos problemas no es el arte en sí mismo, es el sistema capitalista, pero desde la trinchera de las artes se hace lo que se puede: disputar los sentidos comunes, los deseos.
Y como parte de ese trabajo me he logrado infiltrar en diferentes lugares que tú fetichizas. No he transitado por esos lugares para reproducir acríticamente el status quo. No, no. He estado por ahí con el objetivo de dar la lucha de clases en la imaginación, despaciosamente. Yo conozco la historia del arte y la tradición que tú quieres continuar, pero tú ignoras la nuestra. Y lo digo en plural porque, insisto, es un proyecto colectivo este de construir otras alternativas. Las hemos realizado caminando con sus fracasos, derrotas, fallas, pero no hemos querido meterle un palo a la rueda, sino que hemos aguantado vara. Es una cosa muy antigua, la resistencia, la rebeldía y sus sublimaciones como arte.
Esa cosa que dices del prestigio y del capital simbólico sí es cierta, es simbólico. En lo que viene a mis cuentas bancarias, no tengo dinero, como dice Juanga, lo único que tengo es amor para dar. Vivo al día. Sí he pasado por todos esos lugares que sacaste de mi CV, y los he transitado siempre de forma desobediente. Porque tú confundes participación con obediencia, y ese es el tipo de estrechez de imaginación que me gusta contradecir; no en las palabras, en los hechos. Lo cual ha tenido impactos económicos fuertes. Les advierto: no hagan este tipo de arte si no quieren batallar. No lo intenten en casa, como decían en la tele. No me representa ninguna galería. Ni patrón, ni empleado, sólo precario.
Me guían otros valores. Somos muchas personas las que producimos así. Nos invitan para trabajar y nos contratan para dar servicios como un proyecto, una plática, un texto, un tepache. Nuestras prácticas artísticas son de otro orden y en las lógicas económicas se inscriben en una economía más informal y excéntrica en relación al mercado del arte. Somos mínimas pero fuertes. Sin exigir protagonismo, ni el glamur y la hegemonía que imponen las lógicas del mercado del arte contemporáneo global. Le moleste a quien le moleste, existimos. Yo puedo reconocerte a ti y a tu mundo pero tú no al nuestro, interesante.
Te cuento brevemente de algunas chambas:
Obtuve la beca del programa BBVA-MACG (2014-2016), donde usé el dinero de la beca para pagar la deuda de alguien que le debía a BBVA —un crédito para automóvil y un crédito para el consumo—. Se logró, no sin fricciones y problemas con la institución que otorgaba los recursos. Y cursé el programa educativo de Soma (2011-2013), donde no pagué nada de mensualidad y logré negociar saldar mi adeudo con trabajo, y sí, me becaron para cursar el Soma Summer (2011). Fui a Rijksakademie (2020-2022) para, después de diez años de chinga intensa y muchos sacrificios, vivir con todo pagado durante dos años. Esa oportunidad la aproveché para una cirugía para mi pie, que me había lastimado participando en un museo comunitario (no por heroico, sino por güey). Ese fue mi proyecto del primer año. Lo mostré de la manera más marihuana posible. La finalidad de eso, luego entendí, era poder aguantar las largas caminatas de un viaje anticapitalista por diferentes regiones de la otra Europa, la insumisa. Durante mi último año en los Países Bajos participé en el programa de la residencia Pressing Matter (2022-2023), para el cual trabajamos en la repatriación a México de un cráneo mesoamericano, identificado como mixteco, que en 2024 finalmente regresó al país. Y sí, no soy de esas comunidades del Ñuu Savi como bien lo señalas, pero el planteamiento no es exclusivamente identitario, sino que es una crítica profunda al indigenismo que estructura el nacionalismo criollo de este país, que se impone a mestizos desindigenizados como tú, como yo, y por ende a la llamada cultura mexicana y por supuesto a la producción artística. Es un trabajo en colectivo con varias tareas pendientes en las que aún estamos trabajando.
Colectivo también es el trabajo del Banquito Solidario para Artistas. Y ahí sí fallaste. Porque no es un proyecto mío de mí. Decir que es mío es borrar personas, entre ellas mujeres artistas como Bárbara Lázara, Vera Millón, Tamara Massini o Susana Solís. Tienes que ser responsable y hacer bien tus investigaciones. Sé que suena extraño para ti, lo colectivo, y que no puedes creer que ese tipo de cosas sean posibles. Especialmente en el mundo del arte realmente existente. Pero son reales, sí están en este cuarto con nosotros, sólo hace falta voltear tantito hacia los rincones. A pesar del fundamentalismo del artista genio individual, existe el trabajo colectivo entre artistas. En muchas latitudes del mundo. Y no, no es pura imaginación radical, es administración y organización. En el Banquito Solidario, por ejemplo, hemos trabajado a lo largo del 2025 para poder darle un sentido y un funcionamiento colectivo a este fondo común. A prueba y error, como es costumbre en los trabajos colectivos. Todo es voluntario. Nadie gana, todes ganan. Se atiende a una comunidad de 150 artistas. Puedes consultar el sitio web aquí: banquitosolidario.github.io
En estas andanzas que te cuento aprendí una lección muy importante de un artista, amigo y compañero palestino, Yazan Khalili. Él me dijo que, contrario a lo que se cree, el arte contemporáneo sí tiene un medio específico, pero no es la pintura, ni la escultura, ni la instalación, ni el video, ni el performance. El gran medio del arte contemporáneo es la institución. Por eso él, desde diferentes iniciativas colectivas (Learning Palestine, The Question of Funding, Radio Alhara), trabaja teniendo en mente eso, para estirar, doblar, recortar, y ponerla patas arriba. Las instituciones del arte como material de trabajo, y no como fin ideal y fetichizado.
Ah, otra cosita importante que dejaste de lado en tu texto al repasar, por encimita, la historia de ruangrupa, es que Indonesia fue durante 300 años una colonia holandesa. Y que existen entendimientos, desde las izquierdas del Sur Global, de conceptos y prácticas como el de reparaciones. No es que Países Bajos dé ese dinero con ese sentido, sino que desde Indonesia ese dinero se resignifica de esa manera: aunque los neerlandeses manden los fondos como caridad y bajo cierto sentido común europeo, la bandita de Indonesia lo recibe como un recurso que de todas maneras siempre ha sido suyo. Es el retorno de un dinero excedente que les pertenece. Una transversión.
Ahora, por último, un comentario sobre el pueblo malo[1] (es que me voy acordando de lo que quiero decirte mientras escribo). Bueno, esta noción la uso en la mentada carta a mí mismo en el marco del debate público establecido por la 4T, desde 2018 a la fecha. No es una categoría moral; es una categoría electoral. El pueblo bueno es todo aquel que vota por Morena o no se opone públicamente a su proyecto de país. Pueden ser whitexicans, mestizos o pueblos originarios y de diversas clases sociales, y de ideologías encontradas: nacionalistas revolucionarios, populistas evangélicos, socialdemócratas, liberales, neoliberales y postneoliberales, socialistas cristianos, ex-comunistas, etc. El pueblo malo es una manera que tengo de nombrar a todo aquel que no vota por Morena o se opone a su proyecto. En ese sentido, una buena parte del pueblo, de las bases populares de mi querido León, Guanajuato, sería malo. Es a lo que refiero en mi rementada carta. En León, la gente del mercado Echeveste son más pueblo que los whitexicans criollos de la 4T, en términos de clase y clasificación racial, pero al no simpatizar con sus ideales pues se les considera fifís guanabís. Similar a los corridos tumbados. Al ser narcocultura se les cataloga rápidamente casi casi como una expresión fifí, que no puede ser cultura popular. Claro que son artes y culturas populares, pero del pueblo malo.
Siento que el simple hecho de haber mencionado el subgénero del corrido tumbado despertó en ti una especie de defensa, una territorialidad generacional. Noto cierta ansiedad en tus citas a Fuerza Regida o el Nata. Yo no buscaba exotizar esa música. Hay que recalcar que las letras de la gran mayoría de esas rolas sí que son machistas. Sus políticas sexuales son sumamente conservadoras. Y más allá de celebrar u omitir eso acríticamente, sin ningún matiz, creo que es importante decir que lo que promueven es una forma de masculinidad desbordada y autodestructiva. Es el pragmatismo del mercado en su más lógica expresión tercermundista. Ya la filósofa Sayak Valencia nos dio bastantes herramientas conceptuales para interpretar ese fenómeno como machos endriagos. Una forma de masculinidad gore que, sádicamente, busca replicar y desquitar toda la violencia que el sistema capitalista le ha impuesto como trabajador, como obrero, como campesino, como subalterno. Esa violencia se expresa en y sobre el cuerpo de las mujeres. Siento que hay que analizar con cuidado esa música, porque el triunfo de Milei en Argentina no se puede explicar sin una juventud derechizada, carente de una alternativa de futuro, de otro proyecto de vida, y que busca replicar, sin medir sus consecuencia, y a escala micro, la violencia del mundo capitalista sobre quien está en el peldaño de abajo, y así triunfar, a toda costa. ¿Te suena?
Pero hay algo en esa música que no debemos olvidar. Que son corridos. Y que vienen de la Revolución Mexicana, cuando contaban historias de lucha. Sí, son violentos, pero esa rabia, en esos corridos de hace cien años, era hacia los de arriba. Y creo que se pueden redireccionar. La gente se identifica, conecta todavía con esa tradición musical a través del corrido tumbado porque la rebeldía corre por nuestras venas. Por eso me gusta algo del aspecto belicón de esos corridos, lo guerrillero. Y eso de andar blindado fíjate que no me molesta. No lo veo como algo malo. Lo veo como autodefensa. Un amigo, el Miau, lo llamaba autodefensa epistémica. La gente nerd comprometida, a la que le gusta usar su cerebro para acompañar resistencias, hace eso: genera herramientas conceptuales para ayudar a autodefenderse ante este sistema de muerte que tiene todas las de ganar.
Los poderosos tienen todo el parque, todos los blindajes. Para ellos tú puedes ser un tipo de blindaje. Un escudo humano más en su arsenal de los millones de virtuosísimos reclutas que tienen. En eso sí nos parecemos. En que ponemos nuestra escritura, nuestro trabajo, al servicio de proyectos en los que creemos. Tú sinceramente buscas y te empeñas en defender algo muy similar a lo que defienden los paleolibertarios: la sierra eléctrica que corta cualquier obstáculo al libre mercado. Ese palo que dices ponerle a la rueda abre la ventana de Overton cada vez más hacia la extrema derecha.
Es decir, no sé hasta qué punto estás consciente o inconsciente de tu enorme capacidad de influir en la opinión pública del arte contemporáneo. No sé si lo que buscas es que el gremio y tus fologüers normalicen que el arte no tiene que oponerse a las instituciones. Insistes en que toda esa oposición es únicamente un recurso de márquetin, que eso ya pasó de moda, que es de mal gusto. Esto ignora las historias de todas esas luchas sociales que las artes han acompañado durante el siglo pasado y este. Reducir a autopromoción el solidarizarse con una causa, una trampa ideológica, una salida fácil (algo que, si bien puede aplicar en algunos casos, no puede ser generalizado). Eso aviva y enciende fuerzas reaccionarias. Corres el riesgo de contribuir al desplazamiento de lo radical a lo convencional. Temas antes desagradables en el arte mexicano (que es esencialmente subversivo) pueden volverse aceptables, populares: que ser rebelde es ser capitalista, racista y machista tipo Elon Musk o Kanye West. Al señalarme como un artista que únicamente busca la validación de un sistema, le das sentido a mi punto final en la recontramentada carta a mí mismo, cuestionas mi inmoralidad pero no la de la burguesía. Evidentemente, hay un mercado de las identidades que impacta también al arte y reduce esas luchas a una marca, una identidad corporativa. A un branding de sí, pero eso no es todo lo que hay. No le hagas el trabajo sucio a las derechas. A menos que eso sea lo que realmente busques desde tu izquierda moderada. Y si eso anhelas pues, chale, ahí sí no podemos ser amix.
Por ello, esto de ser emprendedor anticapitalista no es cínico. Se trata de afrontar al mercado desde el mercado, un neoliberalismo desde abajo, como le dice Verónica Gago. Todos los changarros en los que he participado bajo lógicas anticapitalistas han tenido la intención de generar una economía, pero con un sentido social. ¿A quién realmente le pertenece la riqueza que se produce en el capitalismo? Yo, y no mi superego leninista, busco responder esa pregunta desde lo materialmente posible, sin esperar a las grandes coyunturas y despliegues enormes de planeación y organización. Cualquier resistencia, por pequeña que sea, es importante. No hay que esperar como único resultado aceptable que el capitalismo se acabe, o que se haga la revolución. Se pueden hacer cosas chiquis, frágiles, que por su escala y seriedad hasta parecen chascarrillos, pero que han irrumpido brevemente el tiempo de la acumulación capitalista. Devienen en actos de derroche, generosidad, absurdo, risa. Por eso son arte, en el sentido de que se trata de trastocar el sentido común que nos impone el libre mercado. No todo se vende, no todo se hace por competir. Algunas personas le llaman a esto comunismo de base. Y es muy cotidiano pero se invisibiliza deliberadamente. Se trata de aquellas acciones que parecen irracionales para la gente de razón capitalista. Y que el sistema continuamente extrae y evapora, esa torta que te invita tu amigue, ese apuchón a un carro varado, esa fiesta en el pueblo, en la colonia, en familia, ese préstamo de compas, etc.
La crítica a la Bienal FEMSA de mi superego leninista, en la recontrarementada carta, fantaseaba con un escenario aún no muy cercano. Un tiempo en el que los medios de producción de FEMSA serían expropiados por sus trabajadoras y trabajadores. En un mundo donde eso ya fuera posible, a lo mejor, les surgiría la iniciativa de organizar eventos de arte, por eso la provocación de cómo sería una bienal de arte extemporáneo en ese escenario donde no hay patrones. Era y es, una invitación a imaginar eso. A transitar de la culpa o la vergüenza a entrar como podamos, como se nos ocurra ponernos a jalar.
El concepto de materia oscura, que usa la izquierda del mundo del arte de Estados Unidos, nos puede ayudar a entender que sin nuestro trabajo ese arte contemporáneo de ventas millonarias no existiría. Estas élites, que desfilan por las ferias del arte, dependen de una maquinaria aspiracionista, de agentes culturales que trabajan de a gratis, que hacen sacrificios, que desde la precariedad esperan algún día obtener la vida glamurosa de esos pocos casos de éxito: tú los conoces, son lxs becarixs que te reciben sonrientes en museos y galerías, que responden tus correos, ellxs y otrxs tantxs en pasillos y bodegas, revisando títulos en listas de obra, nombres en una lista de invitados, poniéndote la pulserita. Es un iceberg en el que solamente es protagónica la punta, y el resto del bloque de hielo está sumergido y no le prestamos atención. Ignorar nuestra existencia es parte esencial de la producción de plusvalía. Vamos a prestarnos atención y re-apropiarnos de nuestro trabajo. Hay que generar esos espacios de diálogo y organización que nos permitan poner un fin al mundo del arte como lo conocemos.
En este momento ando con lo de una empresa de tepache, otro emprendedurismo anticapitalista. Upsi, sí, me hice señora de los fermentos, y digo señora a mucha honra. No tiene nombre aún la marca. Las empresas de refrescos y bebidas azucaradas en México, como FEMSA y Jumex, están bien metidas y tiran línea en la producción de arte. Ellos son de los pocos mecenas del arte contemporáneo en este país. El tipo de cosas culeras que hacen corporativos de ese tamaño no se tapa, no se olvida con su filantropía.
¿Por qué no mejor hacemos una refresquera, en corto? ¿Cómo sería pues una empresa de economía social que produzca refrescos y a la vez patrocine el arte contemporáneo y extemporáneo en México? Esos son los orígenes de nuestra empresa de tepache. Ya andamos haciendo experimentos y pruebas. Por ahora, el producto no tiene precio definido, es de cooperación voluntaria. Con las ganancias de las primeras producciones vamos a patrocinar la próxima Trienal de Tres Pesos, que en este año 2026 realiza su tercera emisión. En este mini magno evento siempre el punto de partida para todxs lxs artistas es de tres pesos y con eso producen las piezas. La idea viene de una de las organizadoras, miembra del Colegio de la Desextinción, quien trabajaba como asistente de una artista europea que alguna vez le reprochó que “en México todo el arte contemporáneo parece que está hecho con tres pesos.”
Pronto saldrá la convocatoria de la trienal. Parece un chiste pero nos lo tomamos muy en serio. Bueno, ya me dilaté mucho… mmmmhhh…sí…. Creo que eso era todo lo que te quería decir.
Si quieres continuar con la telenovela, acá le seguimos.
Ahí nos vidrios blindados,
Sinceramente,
:Daniel Aguilar Ruvalcaba, alias “Choneto”
Gracias por sus comentarios a Diana Cantarey, María Minera, Édgar Hernández, Irak Morales (aka La Santa Trenza) y Gustavo A. Cruz Cerna.
[1] El Echevesfest es esencialmente un festival de arte popular del pueblo malo. En su primera edición, hubo participación de malandros, lesbomarxistas, proneozapatistas, propalestina, neosinarquistas y hasta panistas, entre otros anfibios. En 2024 mi hermano me dijo que a él también le cagan los de la Coca-Cola y que por eso no vendía en su negocio. Porque no da margen de ganancia. Es un producto gancho, no deja. Solamente sale justo para pagar la luz de los refris. Y que si queríamos chingarlos podríamos hacer una escultura de una Coca-Cola hecha con puras bolsas de diálisis, me dijo “aquí las conseguimos con la gente del mercado, hay un chingo de diabéticos”. Pero luego recapacitó y señaló que, siendo objetivos, lo que más serviría al mercado sería una fiesta. Y ahí estuvo la transversión, en usar el dinero de esa empresa que acapara agua y contamina con la producción de botellas de plástico, y que además con sus franquicias de OXXO debilita y contribuye a destruir los comercios populares, y hace un montón de cosas horribles, para festejar el comercio popular del Mercado Echeveste y experimentar con formas de organización artística mediante la excusa de la fiesta. Hubo aprendizajes, aciertos y fallas. El Echevefest tendrá su próxima edición en 2026 y como bien dijo mi hermano, comité del Mercado Echeveste, será más guapo y más mamado.
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Texto publicado el 6 de febrero de 2026.